jueves, 9 de marzo de 2017

Mercado Jáuregui, inagotable universo de historias, en el corazón de Xalapa


Opción de Veracruz
Xalapa

Flores, hierbas medicinales, dulces, moles y guisos, coronas y cruces para difunto, frutas y verduras, vestidos para quinceañeras y novias, disfraces, canastas y cestos, relojerías, reparadoras de calzado, escritorios públicos, carnicerías… Entrar en el Mercado Jáuregui Xalapa es entrar a un mundo de olores, colores, sonidos y sensaciones que parecen estar ahí desde siempre y que no se irán nunca.

Los gritos de los chiquillos por los pasillos se confunden con las voces de las amas de casa que andan surtiendo la despensa o de las cocineras que piden al encargado cobrar cada consumo o que ofrecen, de memoria, a quien pase por la fonda, el casi interminable menú del día. Aquí la oferta supera con mucho a la demanda. Aquí hay solución para todo.

Por eso vienen a buscar salud y suerte en el amor y en el trabajo y ponen su fe en plantas medicinales, imágenes religiosas, árnica, espinosilla, tila, romero, albahaca, veladoras, lociones e inciensos. Aquí son frecuentes los negocios familiares, como el de Pablo del Moral, que ya lleva 30 años vendiendo productos naturistas. Antes fueron su abuela y su madre.

O el de Juan García, que vende frutas y legumbres, doce horas al día de lunes a domingo en el mismo puesto desde hace más de 40 años. “De esto vive la familia”. Sonriente, Beatriz González atiende una fonda donde la especialidad son las picadas y quesadillas, cuyas variedades y combinaciones parecen infinitas. “A partir de las dos de la tarde, hay menú del día”.

Para todos sale el sol, dice Nicolás Ortiz mientras aplana con el martillo una suela de zapato. Son diez reparadoras en el mismo pasillo, pero ya cada quien tiene sus clientes: “Yo tengo como 30 o 40, si no es que más”, sobre todo damas. Con 20 años en el oficio, repara de 15 a 20 pares al día, aunque ahora “por el zapato chino barato, la gente compra más y repara menos”.

Otro de los negocios familiares está cerca de la entrada de la calle Revolución. Rosas, girasoles, gerberas, claveles, crisantemos, nube, cempasúchil… Durante 30 años en el puesto, Estela Cabañas ha visto ganancias y pérdidas. “En las graduaciones, 14 de Febrero, 10 de Mayo o 2 de Noviembre es cuando uno logra más o menos recuperarse. No toda se vende y hay que tirarla”.

En otro de los pasillos, en la carnicería más grande, María del Rosario Caiceros verifica que todo marche bien. Son alrededor de 20 empleados atendiendo a amas de casa, taquerías y restaurantes. Toda la carne es del Rastro Municipal y viene sellada. Es Cuaresma y las ventas han bajado hasta 50 por ciento.
  
Pero quien tiene en los ojos y en las manos la historia del Mercado Jáuregui es don Adrián Sánchez Hernández, quien recuerda la vocación comercial de la antigua Xallapam. Aquí se realizaron las primeras ferias, que prefiguraban el espíritu cosmopolita de la ciudad. Aquí en el terreno de don Martín Jáuregui, quien lo cedió a las viudas que aquí comerciaban.

En la llamada Plaza del Rey se construyó el primer Mercado Jáuregui, a finales de 1879. El 29 de mayo de 1952 un incendio obligó a los locatarios a ubicarse a lo largo de la Calzada del Cementerio, hoy calle 5 de Febrero, durante cinco años. Fue hasta el 5 de Mayo de 1957 que se inauguró el actual inmueble, a donde “mi mamá me trajo como a los cinco o seis años de edad”.

De aquí ha salido gente importante, revela don Adrián, y menciona a políticos, empresarios, doctores, abogados y arquitectos reconocidos, que en estos pasillos recibieron de sus padres como herencia la vocación y el amor por el trabajo honrado. El cualificado testigo asegura que muchas cosas han cambiado en el inmueble, en la convivencia y en los hábitos de consumo de los xalapeños.

En medio de este devenir incontenible de historias, en medio de una ciudad que cada mañana amanece distinta, el Mercado Jáuregui, refugio y alivio de las necesidades cotidianas, permanece como depositario de los tesoros culturales de un pueblo entregado al trabajo como a un arte y al arte como a un trabajo, riquezas que parecen estar ahí desde siempre y que no se irán nunca.